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Defensa del cicloturismo desde el punto de vista de la ecología

(Al petirrojo viajero que me arrastró al “slow radical cycletourism”)

“La bicicleta es un invento de la misma generación que creó el vehículo a motor, pero las dos invenciones son símbolos de adelantos hechos en direcciones opuestas por el hombre moderno. La bicicleta permite a cada uno controlar el empleo de su propia energía; el vehículo a motor inevitablemente hace de los usuarios rivales entre sí por la energía, el espacio y el tiempo”
Ivan Illich

Se calcula que en el planeta hay más de mil millones de vehículos a motor. Y su mera existencia condiciona todo el orden de nuestras ciudades, pueblos y regiones. Grandes autopistas fracturan los espacios naturales y nuestras urbes son ocupadas por toneladas de asfalto y millares de coches que expelen un humo gris que invade nuestros pulmones. En este contexto la bicicleta se convierte en una opción ética y por lo tanto política. Y yendo un paso más allá, pretendo además defender que el cicloturismo se convierte en una alternativa ética al turismo de masas hiperderrochador y destructor del territorio. El viaje en bici, afirmo, es un viaje ecológico.

La velocidad

El hombre no se puede mantener humano a esta velocidad (…) La serenidad,una cierta lentitud, es tan inseparable de la vida del hombre como el suceder de las estaciones lo es de las plantas, o del nacimiento de los niños.
Ernesto Sábato

Mi padre creció en Puebla de Sanabria. El lago de Sanabria está tan sólo a 15 kilómetros de Puebla, media jornada a pie, que recorridos dentro de nuestros automóviles se convierten en apenas 20 minutos. Mi padre no conoció el lago hasta los cinco años de edad. Hoy cualquier niño de Puebla se bañará desde casi su primer año de edad todos los días de sus vacaciones escolares en el lago. Hace algunos años recuerdo que estaba en el Ferry que te lleva a Ibiza y delante de mí unos chicos hablaban de lo lentamente que el barco recorría los 300 km que separan la isla de la costa. Y yo, mientras ellos hablaban, recordaba que 300 km recorridos en mi bicicleta me hubieran supuesto de 3 a 4 días de pedaleo.

En nuestra sociedad moderna recorremos distancias enormes en tiempos antaño inimaginables. Pero no sólo eso, nuestra capacidad de cruzar de punta a punta el planeta en apenas un día colisiona contra los ritmos de nuestra biosfera que está esencialmente quieta, puesto que gran parte de los seres vivos que la pueblan son plantas. Por regla general, y exceptuando los movimientos migratorios, casi todos los animales evitan desplazamientos innecesarios. No somos conscientes de hasta que punto el petróleo cambió nuestra cosmovisión del mundo, redujo las distancias y aceleró los tiempos de la vida, rompiendo los ritmos de la naturaleza. El petróleo nos permite viajar a una velocidad que nuestros pies humanos jamás hubieran podido soñar y esta capacidad que nos ha dado de superar nuestra condición física de primates impregna todos los resquicios de nuestra civilización. Impregna hasta nuestras elecciones de vida.

Pero la velocidad tiene un coste ecológico, económico y de justicia social que permanece oculto. Sólo tenemos que estudiar la fórmula que se utiliza para calcular la energía cinética, que es la energía de un cuerpo debida a su movimiento, y afirmaremos que la energía que se necesita para mover un cuerpo crece exponencialmente con la velocidad (Energía cinética = 1/2 m v^2. La energía cinética depende linealmente de la masa del objeto y depende cuadráticamente de la velocidad. Es decir, al triple de velocidad un cuerpo tiene nueve veces más energía que otro cuerpo con la misma masa.”) Pero no sólo eso, a mayor velocidad necesitaremos una ocupación mayor del territorio:

“Se calcula que si una persona camina, necesita una superficie de al menos 0,8 m2 libres ante ella, que puede ser de firme irregular. Si lo hace una bicicleta necesitará de 3 m2, a ser posible de superficie más o menos allanada. Esta superficie se multiplica en tamaño (60 m2) y en exigencias sobre el firme si queremos movernos en automóvil a sólo 40 kilómetros por hora, y aumenta de nuevo exponencialmente para soportar una velocidad de 120 km/h, exigiendo en este caso eliminar obstáculos como bosques o montañas y cubrir de una gruesa capa de grava y asfalto”

De “Cambiar las gafas para mirar el mundo”

A mayor velocidad, mayor gasto energético, mayores emisiones de CO2 y otros gases, mayor devastación del territorio y de los diferentes ecosistemas. Esto, que es una realidad incontestable, nos lleva a concluir que la velocidad a la que nos desplazamos está directamente enfrentada a la sostenibilidad.

“Tras un siglo de delirios con el transporte hemos herido de muerte este agradable planeta, el único en toda la Vía Láctea que nos proporciona una buena vida. Nuestro gobierno libra una guerra contra las drogas. ¡Qué la emprenda contra el petróleo! Eso sí que da subidones destructivos! Le echas un poco de ese material al coche y te pones a 200 Kilómetros por hora para atropellar al perro del vecino y destrozar la atmósfera.

Kurt Vonnegut

Las razones arribas expuestas son suficientemente poderosas para plantearnos que se hace imprescindible una ética de la movilidad. Y en esto me quiero detener brevemente. Tenemos tan interiorizada la velocidad a la que nos desplazamos que a menudo actuamos como si fuera un derecho, pero, como infatigablemente repetimos desde los colectivos ciclistas y ecologistas, es un privilegio. Es un privilegio porque cuando nos desplazamos a 100 por hora estamos haciendo que el aire que todos los seres vivos necesitamos para respirar sea insalubre, estamos acelerando el cambio climático con el CO2 que expele nuestros tubos de escape y para que nuestro automóvil pueda circular a esa velocidad hemos deforestado y fraccionado enormes extensiones de espacios naturales construyendo de este modo verdaderas barreras que impiden que la vida salvaje pueda desplazarse con libertad. Aquí tendremos que recordar que estamos inmersos en la Sexta Gran Extinción de las especies provocada por la aceleración de nuestras actividades económicas y que compartimos destino con cada uno de los seres vivos que pueblan el planeta.

Muy célebre y conocida es la cita de aquel ministro de Allende que decía que “el socialismo sólo puede venir a la velocidad de la bicicleta” Y es que la cicloturista, viaja, pero apenas contamina. Tras su paso no hay emisiones de CO2 y puede circular por vías estrechas sin necesidad de romper los espacios naturales. La cicloturista es una viajera, una privilegiada viajera que atraviesa la orografía de nuestro país a una media de 13 km por hora. Lo suficientemente rápido para avanzar el triple que una andarina y lo suficientemente lento para no romper el equilibrio de la naturaleza, no exigir más espacio vital del que le corresponde y sin gastar más energía que la de sus propias piernas. Podemos entonces afirmar que el cicloturismo es una manera de viajar algo más justa.

 

Simple, hermoso y necesario

Decía José Luís Sampedro que “Nos educan para ser productores y consumidores, no para ser hombres libres”. Vivimos rodeados de objetos materiales, algunos de los cuales rara vez usamos. Además, muchos de esos objetos están sujetos a una perversa obsolescencia programada y acaban en los vertederos casi siempre del tercer mundo. Sería ingenuo pensar que se trata únicamente de un problema de sobreconsumo ya que en realidad el motor del capitalismo radica precisamente en producir y vender cachivaches. No se trata de nuestras elecciones sino del corazón del capitalismo y el modelo de producción en el que estamos inmersos, en el que participamos y del que además dependemos.

Una vez más, debemos recordarlo, vivimos en un planeta finito de recursos limitados y a medida que avanza el siglo alcanzaremos los distintos picos de las distintas materias primas, en especial el de los hidrocarburos que es el corazón que bombea el sistema y que permite la explotación de los demás. El decrecimiento no es una opción es una realidad física. Lo que sí es una opción es la justicia social con la que abordaremos este problema. Por ello, educarnos en la renuncia de lo superfluo, en la autocontención es un rasgo social más que deseable.

Todo aquel que haya viajado con alforjas sabe de renuncias. Llevar alforjas es un acto decrecentista y hacerlas un ritual metódico donde cada pequeña cosa tiene su espacio. Donde todo es importante y nada es innecesario. Cuando viajas en bici el peso te ancla a la tierra. Viajar ligero, sin embargo, te ofrece libertad.

El mero acto de planear tus alforjas esconde en sí, todos los valores de esa sociedad decrecentista a la que aspiramos. Llevar alforjas, viajar en bici, es un paso más, un ladrillo más en la construcción de ese mundo sencillo, lento y amigable que necesitamos.

 

 

Resilientes y resistentes

Y el sol se acostó ya detrás de las colinas,
Y se hundió en la bahía occidental;
Y se elevó otra vez, y arrastró su azul manto;
Mañana, a verdes bosques y pastizales nuevos.

Extraído de “Caminar” de Henry Thoreau

“Creo que no podría mantener la salud ni el ánimo sin dedicar al menos cuatro horas diarias, y habitualmente más, a deambular por bosques, colinas y praderas, libre por completo de toda atadura mundana. Podéis decirme, sin riesgo: “Te doy un penique por lo que estás pensando”; o un millar de libras. Cuando recuerdo a veces que los artesanos y los comerciantes se quedan en sus establecimientos no sólo la mañana entera, sino también toda la tarde, sin moverse, tantos de ellos, con las piernas cruzadas, como si las piernas se hubieran hecho para sentarse y no para estar de pie o caminar, pienso que son dignos de admiración por no haberse suicidado hace mucho tiempo”

Henry Thoreau

 

Aunque culturalmente nuestra civilización está a años luz de las primeras comunidades humanas, evolutivamente no distamos apenas nada de aquel primer hombre de Cromañón. Como él necesitamos movernos en el sentido más físico de la palabra. La marcha es en sí misma un fin y una necesidad puesto que no sólo nos mantiene en forma, sino que además supone un estímulo para nuestro sistema nervioso y nuestro cerebro. Sin embargo, nuestro estilo de vida es sumamente sedentario, encerrados todo el día dentro de cuatro paredes, sin apenas movernos, de pie o repitiendo durante todo el día los mismos movimientos mecánicos. En estos hábitos diarios se halla la causa de algunas de las patologías más extendidas en nuestra sociedad. Qué duda cabe que el cicloturismo es saludable. Previene innumerables enfermedades cardiovasculares y nos proporciona esa capacidad física y resistencia psicológica que en un futuro de descenso energético y escasez de recursos nos serán muy necesarias.

Podemos afirmar que el cicloturismo nos hace RESISTENTES porque es un gran ejercicio cardiovascular, pedaleando el ritmo cardiaco máximo del corazón aumenta y la presión arterial disminuye. Fortalece nuestras articulaciones y músculos, en especial las rodillas. Refuerza nuestro sistema inmune. Controla nuestro peso. Y, por supuesto y no menos importante, generamos más endorfinas que nos hacen más felices.

“Vivir mucho al aire libre, al sol y al viento, produce, sin duda, cierta dureza de carácter, desarrolla una gruesa callosidad sobre las cualidades más delicadas de nuestra naturaleza, igual que curte el rostro y las manos, y como el trabajo manual duro priva a éstas de algo de su sensibilidad táctil, Pero, en cambio, quedarse en casa puede producir en la piel suavidad y finura, por no decir debilidad, acompañadas de una sensibilidad mayor ante ciertas impresiones (….)Las palmas duras del trabajador están versadas en más finos tejidos de dignidad y heroísmo, cuyo tacto conmueve el corazón, que los dedos lánguidos de ociosidad. Que sólo la sensiblería se pasa el día en la cama y se cree blanca, lejos del bronceado y los callos de la experiencia.”

Henry Thoreau

Cada vez es más difícil negar el colapso de nuestras sociedades. Cada vez es más difícil negar la evidencia de que el termostato del planeta está averiado. Ya no es ningún secreto que las próximas décadas estarán protagonizadas por un descenso de la energía neta -del petróleo disponible para nuestras actividades socioeconómicas-. Hiperdependientes como somos de esta fuente de energía podemos afirmar que esto va a ser un duro golpe psíquico y social. Y lo peor es que nos vamos a tener que enfrentar una crisis planetaria sin precedentes con habilidades propias de sociedades infantiles, caprichosas, individualistas y cómodas. Por eso todas aquellas actividades que nos hagan resilientes, que nos recuerden que somos capaces de llegar muy lejos y de subir muy alto con nuestras piernas, son actividades muy valiosas y deseables.

En cierta ocasión había quedado en reunirme con una amiga en Belchite, yo viajaba en mi bici desde Zaragoza y ella lo hacía desde otro pueblo. Cuando llegué al pueblo después de un viaje accidentado por caminos solitarios que atravesaban páramos apenas salpicados de árboles, llamé a mi amiga. Ella me dijo que se había extraviado y que esperaba llegar antes del anochecer. Pasaron las horas, llegó la noche cerrada y seguía perdida. Felizmente mi aguerrida amiga, apareció después de cenar. Llegó cansada, sonrojada del esfuerzo pero sonriendo, me contó que se había perdido, se había quedado sin luces y  se le había agotado la batería del móvil. Pero justo en ese momento crítico el dios de la fortuna le había sonreído y había encontrado la carretera. Recuerdo que decía que la experiencia que había tenido era mucho más eficaz, real e impactante que la de cualquier taller para superar tus miedos. Decía que durante el tiempo que estuvo extraviada se sintió reconfortada porque sabía que al final de la aventura le esperaba una ducha caliente y un cama confortable.

Quién, que haya viajado en bici, no ha tenido que enfrentarse con estoicismo y resignación a un viento empeñado en impedir tu avance, a una lluvia torrencial que cala tanto y tan hondo que impide distinguir tu propio sudor del agua de la lluvia, o a un puerto interminable que te vierte hacia dentro concentrando tus pensamientos en cada una de tus piernas, en tu respiración y en el sonido de tu corazón. En todas esas dificultades hay un reto implícito del mismo modo que hay una recompensa. Cualquier avezada cicloturista sabe que forma parte del viaje, que ascender un puerto es el precio que hay que pagar para poder admirar el horizonte, las montañas y los verdes valles desde la cima. Cualquier cicloturista avezada sabe que una sopa caliente es el más delicioso de los manjares cuando estás aterida, cansada y empapada. En bici desarrollas habilidades y actitudes como el afán de superación, la constancia, la disciplina o lo que en psicología llaman “motivación al logro”. La motivación al logro se manifiesta cuando orientas tu conducta a la superación personal y al autocrecimiento. Está enfocada a tareas con una alta exigencia y constancia. Y a diferencia de la Ley del Mínimo Esfuerzo que parece imperar en nuestra cultura, es un poderoso mecanismo que nos permite luchar frente a las adversidades.

Por eso afirmo que el cicloturismo, que potencia actitudes y habilidades relacionadas con la capacidad de esforzarse, de posponer la recompensa y la paciencia, nos hace RESILIENTES

 

Conectándonos

 

Mi impresión es que las personas que menos se preocupan por las áreas salvajes y por la espléndida biodiversidad que aún contienen estos territorios, que son las más propensas a tratarlas con desdén, suelen ser quienes menos experiencias personales han tenido en ellas (…) es relevante citar al gran explorador y naturalista Alexander von Humboldt, tan certero en su época como la nuestra: “la visión más peligrosa del mundo es la de aquellos que no han visto mundo”

Edward O. Wilson fragmento en “Medio Planeta”

“Si queremos tener alguna opción de sobrevivir –y quizás vivir bien en el planeta Tierra necesitamos vitalmente, estar conectados con la red de la vida que nos proporciona sustento. (….) Somos buenos en desconectarnos de los fundamentos de nuestra existencia (…) Pero si disociar y desconectar se convierten en un hábito, no podemos aspirar a llevar una vida éticamente decente, una vida de la cual no tengamos que avergonzarnos. Y de hecho, en la era de la crisis socioecológica global, si persistimos en disociar y desconectar ni siquiera podremos aspirar a sobrevivir”

Jorge Riechmann fragmento en “El socialismo puede llegar sólo en bicicleta”

Llevo más de 4 años viajando en bici, he recorrido miles de kilómetros con mis alforjas. He cruzado los bosques atlánticos de la península. He abrazado los castaños centenarios de las tierras de Orense. He disfrutado de la primavera en la sierra de Andujar, de las deliciosas fresas silvestres que crecen en las empinadas carreteras de los Pirineos en Agosto. Y después de tantos kilómetros sobre mi bici cuando tengo que definir el cicloturismo, siempre sostengo que es un viaje sensorial. Un viaje sensorial que te sumerge en el planeta. Cuando viajas en bici tomas consciencia del paso de las horas, de los cambios de luz y paisaje a lo largo de las estaciones, de los olores, de cuándo florecen los frutales y cuándo maduran las cerezas. Desde que viajo en bici, anudo el olor de la higuera al verano y las amapolas, cruzando los campos de trigo, a la primavera.

La cicloturista viaja en silencio y a la caída de la tarde a menudo tiene la suerte de poder saludar a multitud de animales que salen a su paso. No es difícil conocer a cicloviajeras armadas con sus prismáticos, a menudo una afición te lleva a la otra. Sin duda alguna, la observación de la naturaleza es una de las recompensas del viaje en bici.

Además las cicloturistas aprenden geografía. Aprenden como se dibujan las montañas, los valles y el curso de los ríos. Aprenden como cambia el paisaje y la vegetación en las distintas latitudes y altitudes.

Cuando una viaja en bici es CONSCIENTE de su lugar en el mundo. Cuando una viaja en bici conoce el territorio y conoce la naturaleza. Y conocer es el primer paso e imprescindible para AMAR.

Epílogo

El Cambio Climático es de entre todas las crisis ecológicas y energéticas que se entrelazan el desafío más urgente.  Como todas sabemos una de las claves para frenar o limitar el aumento de la temperatura terrestre es descarbonizar nuestras sociedades. Pero descabornizar la economía supone hacer las cosas de forma radicalmente diferente a como las hemos hecho en los últimos siglos.  Y una de las cosas que tendremos que dejar atrás son las grandes viajes de parte a parte del planeta en vehículos contaminantes, tendremos que viajar menos o viajar más despacio. Y es que la cultura ecológica del futuro será una cultura de los cuidados, una cultura del disfrute, una cultura de la contemplación,  una cultura de lo próximo, una cultura del silencio, una cultura de lo lento será en suma un verdadero buen vivir.

 

Notas:

  • Pdf del libro Cambiar las gafas para mirar el mundo: http://www.youkali.net/youkali10a-ecologistas.pdf
  • Informe Planeta Vivo: https://www.wwf.es/nuestro_trabajo_/informe_planeta_vivo/
  • El pico de una materia es el momento en el cual se alcanza la tasa máxima de extracción global de dicha materia y tras el cual la tasa de producción entra en un declive terminal.
  • Ensayo de cabecera para cualquier ciclista es Energía y Equidad de Ivan Illich: http://www.ivanillich.org.mx/LiEnergia.htm

Las hermosísimas fotos que ilustran este texto son de mi talentoso amigo Rafa Villalba.
La valiente ciclista que menciono es mi amiga Teresa, valiente para esto y para defender todo en lo que cree.
La simpática cicloturista que posa en el cartel de nuestro amado Felix Rodriguez de la Fuente es mi querida amiga María.

2 comentarios en “Defensa del cicloturismo desde el punto de vista de la ecología

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