De ecologíaTextos y reflexiones

Nosotras enseñamos vida

Esta es una tarea que presenté para la asignatura de Ecofeminismos adscrita al MHESTE – CURSO 2020-2021. Sé que los tiempos verbales que utilizo no reflejan las múltiples dificultades, los muy numerosos desafíos y el dolor a los que Rojava se sigue enfrentando. Así que pido disculpas por congelar el tiempo en esta narración. Lo hago porque bajo mi punto de vista, independientemente de si logran proyectarse en el tiempo, son un faro inspirador

Como otras veces acompaño el texto con una hermosa y elocuente ilustración de mi amiga -admirada y querida- Lorena Quilo. De su trabajo más: aquí

En la historia de nuestra humanidad algunos pueblos son los tristes herederos de la desdicha en el olvidado sentido etimológico de esta palabra. El pueblo saharaui, el pueblo tibetano, el pueblo palestino, el mapuche y el kurdo, entre muchos, acumulan en las memorias de sus linajes, sus abuelos, sus casas, sus fotos familiares y seres queridos un duro rastro de injusticia, muerte y desarraigo. Casi siempre su tierra es blanco de la codicia de los imperios y esta maldición les ha arrebatado la paz; Pero, aunque les han robado la paz, no han podido robarles la memoria. Esta es la historia de Rojava, un rincón del mundo enclavado en el Kurdistán, entre cuatro gigantes, maldecido por tener petróleo 1, tierra fértil y un clima propicio. Pero también es la historia de sus mujeres, dignas portadoras de los significantes de sus pueblos, luchando hacia fuera por un lugar justo en el mundo y hacia dentro por ser sujetos de pleno derecho en sus comunidades. Y es la historia de una esperanza, cuando contra todo pronóstico el capitalismo y el patriarcado son derribados a fuerza de comunas, azadas, debates, compromiso, amor y determinación.

Intentaré en las siguientes líneas reflexionar sobre Rojava y sus mujeres, enlazando sus historias con el ecosocialismo, el ecofeminismo e intentando determinar aquellos puntales que podrían servir como linterna para esbozar un proyecto parecido en nuestras sociedades occidentales.

La historia

Los kurdos son un pueblo originario de las mesetas de Mesopotamia. Un pueblo que tuvo algún grado de autonomía hasta que los otomanos los sometieron ferozmente en el siglo XIX. Tras desaparecer el imperio Otomano el pueblo kurdo tuvo la posibilidad de crear un Estado propio, pero los mapas les desterraron y el Tratado de Lausana atomizó está oportunidad fragmentando a los kurdos y convirtiéndolos en minorías étnicas oprimidas en Turquía, Irak, Irán y Siria. Durante el siglo XX estos países en distinto grado sofocaron, oprimieron e intentaron asimilar al pueblo kurdo. Miles de kurdos se convirtieron en apátridas y asesinaron a muchos de sus líderes. Los diferentes gobiernos de Siria y de Irak confiscaron y entregaron a ciudadanos árabes, aquellas de sus tierras más fértiles y las más ricas en petróleo, empujando al pueblo kurdo al éxodo y expulsándolos de sus aldeas y finalmente masacrándolos.  

No ha habido apenas diferencias. De un modo u otro, de un signo u otro, de un país a otro, el resultado siempre ha sido el mismo los kurdos han sido sistemáticamente explotados y oprimidos. Todo esto hasta llegar a 1988, el año en que la televisión nos mostró las terribles imágenes de miles y miles de kurdos gaseados en Halabja, ese año miles de pueblos fueron destruidos, cientos de lugares fueron gaseados y cientos de miles de personas fueron asesinadas y tiradas en fosas comunes.  Cuatro años más tarde en la guerra del Golfo un millón y medio de kurdos huyeron por miedo a ser gaseados a Irán y Turquía. Esta diáspora tuvo como consecuencia el establecimiento de una Zona de Exclusión Aérea y, a su vez, ocasionó el establecimiento del Gobierno Regional del Kurdistán en 1992 reconocido por el gobierno de Irak.

Otro gran hito sucedió en 2011, en plena Primavera Árabe. El levantamiento de Siria abrió una ventana de oportunidad que permitió que los kurdos del país tomarán el control de su región. Más tarde en 2014 continuaron luchando y oponiéndose -valientes mujeres y hombres- contra el Estado Islámico. Y así llegamos hasta el gobierno alternativo de Rojava, un modelo de gobierno que integró la democracia directa con el respeto a las diferencias étnicas, culturales y religiosas, el feminismo, el cooperativismo y el ecosocialismo. Rojava que en kurdo significa poniente, oficialmente es conocida como Administración Autónoma del Norte y Este de Siria y comúnmente se la conoce como el Kurdistán Sirio.

Una verdadera revolución 2

Creo oportunos estos versos de Szymborska: “Sin embargo, mi mayor problema es la palabra ‘soy’./Tiene la apariencia de una acción común,/realizada de forma general, pero no colectiva”. La señora Tatcher, en una línea parecida, lo expresaba de otro modo: “no existe eso que llamamos sociedad. Hay hombres y mujeres individuales, y hay familias”. Y es que no podemos negar que vivimos en una sociedad individualista totalmente ajena a nuestra interdependencia. Es normal, llevamos décadas de despolitizar asuntos que pertenecen a la esfera pública, décadas de mercantilizar aquellos aspectos más esenciales de las vidas humanas, devaluando los cuidados y atomizando los vínculos entre las personas. Aquí en nuestras sociedades occidentales, pareciera que cada vez tenemos más libertad individual, pero sin los nexos relacionales en el fondo cada vez tenemos menos autonomía. En parte por esto, estamos afectados de una patológica impotencia y de una parálisis sangrante que nos impide superar un sistema económico brutal aun a pesar de que está llevando al desastre a millones de seres en el planeta. En este contexto, es impresionante por insólito, el proceso de articulación de la Administración Autónoma kurda en Rojava. Un proceso de base que se ha articulado de abajo a arriba. Un proceso en el que claramente las personas han asumido su responsabilidad y su compromiso con la comunidad, tejiendo una malla de organizaciones como una coral diversa de múltiples voces que se involucran en un nosotras y determinan todos los asuntos comunes. Un proceso no solo de gobierno y organizativo, también un proceso que regala a cada ciudadana y ciudadano un lugar en su comunidad y que los empodera como parte activa y responsable de la misma. Frente a ese neoliberalismo empeñado en destruir los vínculos comunitarios y reforzar el individualismo atroz, el comunalismo de Rojava es la viva expresión del ser comunitario y rescata el rasgo más anticapitalista de nuestra naturaleza humana, la profunda necesidad de relacionarnos.

Y este espíritu se ha materializado bellamente en un contrato social revolucionario, que establece en primer lugar una democracia autogestionada que no acepta ningún tipo de nacionalismo estatal, militar o religioso, ni ningún tipo de centralismo, pero abierta a otras tradiciones democráticas, plurales y con vocación -intencionadamente- multicultural. Este contrato decreta normas sumamente importantes, especialmente relacionadas con el papel de las mujeres en la sociedad, por ejemplo: prohíbe la poligamia, dota de una protección especial a mujeres, niñas y niños, o prohíbe costumbres como la circuncisión femenina. Y además reconoce expresamente que la revolución debe ser sustentable. Un marco idóneo y necesario para la preciosa insurrección ecofeminista que a continuación voy a comentar.

Las mujeres.

No hay duda de que si hay una fuerza singular en Rojava es precisamente todas esas mujeres convencidas, empoderadas y resueltas, con esa memoria viva de madres a hijas y hermanas que les recuerda que durante siglos sus cuerpos y sus mentes han sido secuestrados y recluidos al ámbito doméstico. Esta historia de estas mujeres kurdas es la historia de todas nosotras, durante siglos se nos ha expulsado de la vida política, de las artes, las ciencias y las humanidades. Durante siglos las distintas sociedades nos han invisibilizado y al hacerlo, han ocultado y ninguneado los trabajos que sostienen la vida, expulsando a las mujeres de las plazas y negándoles a ser sujeto de pleno derecho. Incluso en las revoluciones de la historia se nos ha relegado una y otra vez a un segundo plano.

A menudo hemos visto en la televisión a mujeres kurdas armadas, mártires que han luchado al lado de sus compañeros en el frente contra el Estado Islámico. Son imágenes que poseen mucha fuerza, sin embargo, la batalla definitiva que están librando es anónima, cotidiana y la llevan a cabo en sus propias casas, barrios y pueblos. Dicen que una de las cosas que el siglo XX les ha enseñado es que no puedes deshacerte del capitalismo sin deshacerte del estado, y no puedes deshacerte del estado, sin eliminar el patriarcado. Por lo tanto, desde la base, en toda comunidad siempre hay una mujer y un hombre representando a sus vecinas y vecinos. Pero además hay comités y todo tipo de espacios propios y exclusivos -por ejemplo, el consejo de Justicia de la Mujer o la Fuerza de Seguridad de las Mujeres- desde los cuales se trabajan aquellos aspectos de la violencia patriarcal que afectan a mujeres de toda condición, haciendo una enorme labor, puerta por puerta, de educación y de transformación de los imaginarios colectivos.

Esa labor de educación es un árbol esforzadamente cuidado que hunde sus raíces en las prácticas cotidianas y extiende sus ramas en la Jineología o la ciencia de las mujeres un trabajo, una vez más comunitario, a través de cual están reescribiendo la historia y las humanidades desde el punto de vista femenino. Lo describen como “la creación de un paradigma de las mujeres”. Un esfuerzo por impregnar la cultura, las ciencias, la economía y la filosofía, elevar la conciencia y responder en clave de feminismo a preguntas esenciales como: “¿quién es la mujer? ¿De dónde viene? ¿Hacia dónde se dirige? ¿Cómo ha vivido hasta hoy día? ¿Cómo deberían vivir? ¿En qué tipo de sociedad?3 Una verdadera sociología de la libertad4 que disputa el relato dominante y que bajo el lema “la liberación de las mujeres es la liberación de la sociedad” pone el foco en un punto de partida profundamente transgresor: la mujer como albacea del sostenimiento de las vidas. Y es todo menos casual si repasamos la etimología, que Jin que significa mujer en kurdo proceda del término “Jiyan” que significa vida. En consecuencia, dando un paso más allá y entroncando con el ecofeminismo, la Jineología podría definirse como la ciencia de la vida.

Me parece crucial esta doble perspectiva. Por un lado, el trabajo cotidiano centrado en la praxis diaria, en los debates y discusiones para dirimir de manera democrática y horizontal los problemas de género, dar voz a las mujeres, elevándolas a interlocutoras legítimas en una sociedad todavía profundamente patriarcal y obligando a cuestionar a fuerza de diálogo los condicionamientos sociales más profundos. Y, por otra parte, ese trabajo humanístico, intelectual, filosófico y artístico en el ámbito de las humanidades y de la ciencia que poco a poco va construyendo un cuerpo teórico que propone otra forma de ver y entender el mundo.

Pero aun así hay una tercera dimensión de esta revolución ecofeminista absolutamente decisiva. Las mujeres en Rojava, ya no solo son sujetos políticos de su comunidad, no solo se han despojado de su papel de víctimas y son parte activa en los conflictos de género, no solo son ideólogas que construyen una nueva antropología. Además, son sujetos económicos, organizándose en cooperativas, incurriendo en actividades antes exclusivamente de hombres, en áreas centrales de la vida como la agricultura o la medicina. Esto que les proporciona mecanismos de autodefensa y de profunda resiliencia personal y colectiva, es un proceso de radical emancipación.

La ecología

No hay proyecto emancipador (ni sostenible) que no persiga la soberanía alimentaria. Así que congruentemente los esfuerzos del Kurdistán sirio por abandonar el monocultivo, diversificar las cosechas y liberar las tierras de las minas antipersonas, han sido muy notables. Un trabajo titánico vertebrado también en torno a las mujeres organizadas en cooperativas agrarias aplicando principios agroecológicos en un contexto socio-político muy desfavorable. Pura resistencia política, social y económica en un mundo en el que la agroecología se presenta como la única herramienta con potencial de satisfacer el derecho a la alimentación sin devastar el planeta. Colectivizando la tierra y los saberes para alimentar a la comunidad.

Lamentablemente la región depende de los ríos Éufrates y Tigris cuyo caudal está controlado por el gobierno turco. De este caudal depende toda la agricultura de la región y el suministro eléctrico y hoy el gobierno turco no titubea en cercenar el caudal del río Éufrates incumpliendo los tratados internaciones. Esta reducción del caudal afecta al acceso al agua potable de miles de personas y a las zonas agrícolas, asimismo supone cortes de luz y la muerte de cientos de peces y anfibios. El gobierno turco está utilizando el acceso al agua como un arma de guerra.  Pero no solo eso, “el día a día de la región incluye ataques con bombas, masacres permanentes, desplazamientos forzados de la propia tierra, embargo, ahogamiento económico (incluyendo incendios provocados), cortes de suministros básicos para la vida, etc”. 5

Otro desafío al que se enfrentan es la contaminación ambiental, ya que, aunque la región es rica en petróleo carecen de refinerías modernas y la gasolina la obtienen a través de refinerías artesanales lo que ocasiona gravísimos problemas de contaminación ambiental y de salud humana. Asimismo, se enfrentan a la imperiosa necesidad de una política de forestación que recupere la mayor parte de hectáreas deforestadas por el gobierno anterior.

Que duda cabe que este hermoso proyecto comunalista, local y primitivo está íntimamente enlazado al destino de sus bosques, sus ríos y su tierra.

Nosotras enseñamos vida

La historia de nuestras esforzadas compañeras es con toda seguridad la historia del compromiso y el trabajo. Me asombra esa capacidad de lucha, la dignidad de esas mujeres que llevan sobre los hombros el peso de sus casas, sus familias y sus comunidades. Admiro el entusiasmo y la seriedad con la que están construyendo una sociedad más justa e inclusiva. Admiro la diversidad, múltiples etnias, religiones, tres idiomas oficiales y todas tienen voz.  Admiro la memoria continua con la que sobrellevan el dolor, esa penitencia recurrente que arrastran desde el fondo de la historia, y como a pesar de su peso están construyendo un relato digno y humano, perdonando y abriendo sus aldeas y pueblos a aquellos que no tienen delitos de sangre, integrándolos en la comunidad. Las admiro. Nuestras esforzadas compañeras -que conocen los escombros y los duelos- no enseñan odio, enseñan vida.6


Algunos textos que he leído para redactar este trabajo:


  1. ROJAVA: una utopía en el corazón del caos sirio: https://www.youtube.com/watch?v=E8lt100OFDk
  2. https://www.youtube.com/watch?v=id1NKI0vJ3g&t=2264s
  3. https://jineoloji.org/es/por-que-jineologi-reconstruyendo-las-ciencias-hacia-una-vida-comunitaria-y-libre/
  4. https://anfespanol.com/noticias/la-sociologia-de-la-libertad-de-abdullah-Oecalan-disponible-en-ingles-21313
  5. https://www.elsaltodiario.com/buen-camino/sobre-la-autodefensa
  6. Rafeef Ziadah – «Nosotros enseñamos vida, señor»: https://www.youtube.com/watch?v=neYO0kJ-6XQ

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