Consagremos València a los árboles y no a los coches

Estos meses he estado embarcada en el intento de tratar de comprender en profundidad el ciclo del carbono; el papel de la fotosíntesis y su contraria: la respiración celular; y el importante protagonismo de las placas tectónicas en esa idónea temperatura planetaria, resultado de la compleja interacción de todos los seres vivos con su medio ambiente. No, no es que vivamos en un planeta que reúne las condiciones para habitarlo; no, no es eso. Es la danza circular de la vida la que hace de la Tierra un planeta habitable. Y cuanto más complejas (las redes de lo vivo), más estabilidad. La frase de Lovelock que siempre me acompaña lo expresa bien: la vida propicia la vida.

Hoy, ahora, que estamos vivos, lo estamos al mismo tiempo que otros millones de seres con los que compartimos un tiempo lineal y una herencia común, un tortuoso y prodigioso camino de 4000 millones de años que ha hecho de este planeta un crisol maravilloso de inimaginables formas de vida, incansables, en permanente colaboración, en íntima simbiosis. Somos arrolladora materia viviente, juntos una entidad única, que, en el impulso de estar vivos, redistribuimos y concentramos el oxígeno, impedimos que el hidrógeno se pierda en el espacio, mantenemos a raya la temperatura y propiciamos la lluvia en el planeta. Movilizamos materia y animamos el viento, el fuego y el aire. Los seres vivos, bajo el auspicio de la fotosíntesis, catalizadora de la energía solar que nos anima, hacemos de la Tierra nuestro hogar.

Por todo ello, en este texto que os comparto he querido abordar la necesidad de reforestar nuestra ciudad en detrimento del tráfico, desde la perspectiva de la teoría de Gaia (aunque no la nombro) y del papel fundamental que desempeña la biodiversidad en la regulación de la temperatura terrestre. Un enfoque menos habitual y poco tratado cuando hablamos del bosque urbano y del tráfico.

Además, mi texto es una defensa del necesario Corredor Verde que cambiaría el paisaje y la vida en el sur de nuestra ciudad.

Gracias a los compañeros del blog de Territori crític por hacer un hueco a mi reflexión. Y gracias por leerme.

Atrevámonos a imaginar.

Aquí os lo dejo, se titula: Consagremos València a los árboles y no a los coches.

https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/territori-critic/consagremos-valencia-arboles-no-coches_132_13624506.html

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