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Mayo

Cuando las flores se visten
de alfombra sobre los campos,
los vencejos se divierten
asaltando el campanario.
Mayo reverbera en su órbita,
delante de ti, tus pasos,
detrás los húmedos besos
y en el centro de un abrazo,
palabras que apresan torpes
el sentido de los años,
el vértigo de la ausencia,
de los miedos que callamos.

-La ventana me obsesiona
siempre mira hacia el ocaso.
Pero tus dedos hablaban
sobre mi piel proyectados-.

Tal vez pidiéndote asilo,
vulnerable, llego marzo
y antes de marzo, en enero,
la risa niña de antaño,
eco que no tiene cuerpo,
mudo, en el recuerdo liviano.
Tus pies con nostalgia puesta
avanzan determinados,
cruzando los doce meses
tras los sonrosados labios.
Tus pies con nostalgia puesta
en el latido de un pájaro.

La ventana me obsesiona
siempre mira hacia el ocaso.
Pero tus dedos hablaban
sobre mi piel proyectados.

Vas arrastrando las voces
la tarde llega despacio.
Viene con una promesa
de lunas y oscuros astros.
La tarde anuncia la noche
y mayo culmina un año.
La luna inunda tu rostro
de rodillas en el claro.
Viene con una promesa
y es el día enamorado.
El alba cierra la noche
el círculo está cerrado.

La ventana me obsesiona
siempre mira hacia el ocaso.
Pero tus dedos hablaban
sobre mi piel proyectados.

Se construyen las edades
-hélices siempre hacia abajo-,
eterna espiral del tiempo
siempre recto, siempre al barro.
Vivimos trazando círculos
de primavera al verano
de la mañana a la tarde
en el templo de unos brazos.
Siempre parecen los ciclos
repetidos, reiterados
pero la flecha se pierde
en las tinieblas del tránsito.

La ventana me obsesiona
siempre mira hacia el ocaso.
Pero tus dedos hablaban
sobre mi piel proyectados.

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