De amoresDe viajes

En perfecta camaradería.

Esta última foto se la hice nada más subir a la sierra de Irta. Allí estaba esperándonos y nos fue recibiendo con sus bromas y su inagotable buen humor. Muchas risas y hasta momentos de filosofía con el radiante Mediterráneo al fondo. Luego fuimos todos a una bellisima playa y nos bañamos desnudos en perfecta camaradería, con más risas y bromas, no en vano estábamos celebrando el décimo aniversario de Ama. Un grupo nos quedamos a comer en una pinada cercana y otro, donde iba él, decidió seguir pedaleando. Ya no volvimos a ver con vida a Vicente. De alguna manera decidió que era un buen día, el día más largo y luminoso del año, un bello sitio y además rodeado de buenos amigos para romper la última de las barreras y volar libre, más libre si cabe de lo que venía volando desde hace tiempo. Ha sido un durisimo golpe para tod@s l@s que le acompañamos en este último trance, pero también ha sido una lección, la última de este burlón maestro de la vida, que a más de un@ nos hizo exclamar "qué bien lo ha hecho el bribón de Vicente". Buen viaje, amigo, y sigue guiándonos con tu inagotable sabiduría. Sabemos que nos seguirás acompañando en todos nuestros viajes

Jorge García Caparros

No hace mucho tropecé con el ecofeminismo. Lo recuerdo perfectamente, lo encontré en el capítulo dedicado a los cuidados de ese maravilloso libro que nunca me canso de referenciar: “Cambiar las gafas para mirar el mundo”. Somos vulnerables, eco-dependientes e interdependientes y este sistema atroz nos desgaja y nos aliena. Destruye los necesarios vínculos con la naturaleza y con las otras personas y nos aisla. Somos vulnerables, repitámoslo, necesitamos de las demás y necesitamos una naturaleza intacta y sana para tener una buena vida. Nuestros cuerpos, frágiles y breves, necesitan cuidados. Y nuestras almas, afecto. Del mismo modo que necesitamos oxígeno, del mismo modo, necesitamos contemplar un bosque y sumergirnos en sus sonidos. Es el amor y no otra cosa lo que nos vincula al territorio y es el amor y no otra cosa lo que nos vincula a nuestra tribu. Y sabiendo como sabemos que somos ecodependientes e interdependientes, tal vez podríamos concluir que el amor es un mecanismo evolutivo.

Pertenezco a una pequeña y loca organización que trabaja a base de voluntariado en la concienciación medioambiental. Todas, en esta organización, somos cicloviajeras y un poco aventureras. Hemos ido a tres cumbres del clima en bicicleta y hemos organizado innumerables marchas cicloturistas abanderando temas como el Fracking, la Defensa del Tren Regional, etc. Hemos organizado conferencias en nuestra ciudad, tenemos algún proyecto de corte social y hasta con gran esfuerzo hemos realizado un documental sobre el Cambio Climático con la excusa de la marcha en bici a Marrakech. Para ser tan pocas y tener tan pocos recursos hemos conseguido cosas de las que estamos muy orgullosas.

Pero ayer despedimos a Vicente. Fue muy triste. Sin embargo tantas amigas me abrazaron, a tantas abracé, que sucedió exactamente como a él le hubiera gustado. Él que sostenía largo y amplio cada abrazo en un conmovedor esfuerzo por aproximar los corazones. Él tan vital, casi primitivo, padre amante, amigo, desertor del sistema, ex-urbanita, motorista renegado, ciclista convencido que anhelaba enraizarse a la “madre tierra”. Ayer aparcamos nuestras diferencias y lloramos juntas, también reímos. Estuvimos unas al lado de las otras, cuidándonos en la tristeza. Nos pasamos la tarde recordando anécdotas de nuestro Vicente, evocando todos esos momentos divertidos que tuvimos el privilegio de vivir a su lado. Años de activismo, de rutas, de cicloturismo alegre y vivaz.

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Hace un año además nos despedimos para siempre de nuestro querido y bueno Parreño. La marcha de nuestros amigos nos hace mirar de frente la fragilidad de nuestras existencias, apenas somos polvo de estrellas. La marcha de nuestros amigos, demasiado pronto, demasiado pronto, nos recuerda que tenemos que cuidarnos. Que por encima de los asuntos cotidianos que nos aplastan, que por encima de las discrepancias estamos nosotras y que formamos una pequeña comunidad.

Ayer fue una tarde extraña, las despedidas tienen otro sabor cuando las compartes. Por eso alargamos el día en completa fraternidad. Yo me sentí reconfortada entre tantos abrazos y tantas sonrisas. Me sentí reconfortada de tener el íntimo privilegio de consolar a mis amigas y me sentí querida. Cuando recuerdo todo lo que he aprendido sobre ecofeminismo, me doy cuenta que el mejor de los proyectos, el más puro y esencial, somos nosotras, los vínculos que hemos creado.

Se han ido dos hombres buenos, dos amigos, dos verdaderos ecofeministas y las que nos quedamos seguiremos aquí por un tiempo, encima de nuestras bicicletas, luchando y sobre todo cuidando.

 

A VUELAPLUMA

Aquí retomo el vuelco de tu abrazo
a la vuelta de la tarde amortajada
y el vuelo de tu voz a vuelapié
en la plaza de creciente a llena.
En el gesto dilatado,
los votos de ternura esférica
que a vuelapluma renuevas en el pasillo.

Al giro de la nada inconmovible
germinan los abrazos
con vocación de estanque.
Tu verano y el mío que son dos,
prestan sus frutas dulces
a Juno, pronta, pérfida y celosa
que le arrebata al mar nuestros amigos.

Elena K

 

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