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Crónica de la Gran Vía.

 

La tarde del Martes 14 de Julio de 2015 a las 16:00 horas, los vecinos y comerciantes de la Gran Vía Germanías a la altura del nº36, fueron testigos de un fuerte crujido mientras para estupor de todos ellos una palmera altísima se desplomaba sobre la calzada. Justo sobre la línea que delimita el semáforo y justo unos segundos antes de que se pusiera en rojo. Por fortuna no era hora punta y un autobús de la EMT, un Renault Megan y a Audi 3 tuvieron tiempo de frenar sin lamentar males mayores.

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Fue el joyero quien avisó a la local y ellos procedieron a cortar y a desviar el tráfico y a avisar a los bomberos. Mientras tanto, los comentarios de curiosos y vecinos no se dejaban esperar:

– Es normal, si no las riegan acaban por secarse y como son tan altas y esbeltas un día de viento las quiebra. – Decía Pilar, la presidente de la Comunidad de Vecinos.
– Si hubiera pasado algo el Ayuntamiento tendría que hacerse responsable- Argumentaba la panadera.
– Pues claro, mujer, es responsabilidad del Ayuntamiento, mira lo que pasa en Madrid con los árboles. Otra cosa es cuanto tardan en abonarte los daños….- Le respondía Javier, el barbero de la esquina.

Los bomberos apenas tardaron unos 45 minutos en llegar. Venían preparados para la ocasión. Provistos de varias motosierras y un camión. Con suma diligencia procedieron a trocear en pequeños pedazos la palmera y a echarlos en el camión. Eran cuatro y se notaba que tenían destreza y fuerza y eran duchos en estos menesteres porque apenas tardaron una hora en retirarlo todo.

A las 18:10 los bomberos se habían marchado, el tráfico estaba restablecido y sólo quedaba de la palmera desplomada, el tocón y algunas astillas que el viento movía.

La tarde fue declinando, la luz se fue y las farolas se encendieron. Para entonces nadie se acordaba del suceso, excepto los ocupantes del autobús, del Renault Megan y del Audi 3 que con alivio aún contaban:

– Uf, de buena nos hemos librado.

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